Después de casi dos semanas de vivir en la colmada ciudad de carpas, Ulices Díaz hizo algo que nunca imaginó cuando salió de Honduras en octubre, con una mochila pequeña y grandes sueños: firmó una orden de deportación voluntaria para regresar a casa. | After nearly two weeks of living in the packed tent city, Ulices Diaz did something he never imagined when he set out from Honduras last month with a small backpack and big dreams: He signed a voluntary deportation order to go home. |
